Fernando Morán: ¡Música, Maestro!

Publicado: 11/11/2011 en Jugadores
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Nada más hacerse cargo del Nàstic, Jorge D’Alessandro lo tuvo bien claro. Tras el primer entrenamiento, mientras la plantilla se encaminaba hacia las duchas, llamó a unos pocos jugadores para una charla aparte. Eran los señalados por el técnico para sacar adelante un conjunto en estado comatoso, que no había ganado ningún partido en 11 jornadas de Liga. Después, ante la prensa, el argentino no se mordió la lengua y confesó que ponía el equipo en manos de los veteranos, pero se detuvo en un solo nombre, el de Fernando Morán (Madrid, 27-04-1976).  Un jugador al que, desde el primer momento, ha entregado la batuta del equipo, y al que  llama a gritos con un mote de lo más descriptivo: Maestro. Lo que quizás no sabe D’Alessandro es que ese sobrenombre le viene al madrileño como anillo al dedo. Porque Morán, aparte de marcar el ritmo de los grana sobre el terreno de juego, también lo lleva en las venas. Es músico y va camino de terminar su tercer disco de estudio.

Todo empezó en un local de Madrid, a principios de los 90. Sobre el escenario, Loquillo, con su estampa imponente, seduce e hipnotiza a la audiencia. El ‘Loco’ es el centro de atención de todos los presentes. De todos, menos un joven llamado Fernando, que, como en el césped, siempre mira un poco más allá. Sus ojos se posan en el batería. La potencia y la coordinación de las baquetas le hacen decidirse: quiere aprender a tocar y sabe cómo hacerlo. La clave la tiene un cura. Sí, un cura. El Padre Levi’s, para más señas. “Yo iba a los salesianos, y había un profesor muy moderno que enseñaba a tocar varios instrumentos. Al día siguiente le pedí que me diera las primeras clases”, rememora. Desde entonces, la música ha sido la válvula de escape de un futbolista que va camino de alcanzar los 500 partidos en el fútbol profesional, entre Primera y Segunda. “Me sirve para desconectar, para no comerme la cabeza. Cuando las cosas van mal le doy muchas vueltas a todo y mientras estás tocando no puedes pensar en lo que te agobia. Eso ayuda a seguir dando guerra”, explica.

A la batería, le siguió la guitarra, años más tarde, para aliviar la soledad después de abandonar las categorías inferiores del Real Madrid y fichar por el Racing de Santander. Las primeras temporadas fuera de casa fueron difíciles, con cesiones al Numancia y al Ourense. En el Norte, con apenas 20 años, agarró una acústica y empezó a aprender por su cuenta. Ahora, con infinidad de webs de acordes y tablaturas, está al alcance de cualquiera. Pero entonces eran otros tiempos. “Tenías que conseguir uno de esos libros con las canciones de grupos como Héroes del Silencio y ponerte tú solo a practicar”, recuerda. Y su destreza con las seis cuerdas mejoró al tiempo que se asentaba en Santander, pasando de ser un ‘outsider’ a titular indiscutible. Transcurrieron ocho temporadas hasta que abandonó el Sardinero convertido en uno de los jugadores más queridos por la afición cántabra, que recordaba especialmente su papel trascendental en la única campaña de tránsito por Segunda en los últimos 18 años de la entidad. Él, que destacaba por ser un centrocampista creador, un asistente, cerró el curso con cinco goles en 27 partidos. “Teníamos que volver a Primera sí o sí. Y lo conseguimos, con Quique Setién en el banquillo. Fue uno de los años más bonitos de mi carrera”, confiesa. Y fue también por aquel entonces cuando empezó una aventura que le llevaría a publicar dos discos: el grupo Hacia Dónde. “Lo fundé con mi prima Laura Rojas, que toca la guitarra y canta. Grabamos una primera maqueta de cinco canciones en mi garaje, todo de manera muy rudimentaria. ¡Incluso tuve que desmontar las mamparas del baño para aislar el sonido de los instrumentos!”, explica, con una carcajada. Después, pasó algo que ninguno de los dos se esperaba. La maqueta empezó a sonar por las radios locales y un par de años más tarde, una compañía les fichó para lanzar una versión ampliada de la misma. 14 temas que, bajo el título de ‘Sentir‘, trazan un buen disco de pop-rock y en el que destacan las diversas colaboraciones que incluye, como las del ‘Mono’ Burgos y Álvaro Benito -otro músico con pasado en la cantera del Madrid en un tema contra la violencia en el fútbol, o la aparición de Javi Guerrero en el videoclip de ‘Desliz’, la canción que tuvo más aceptación.

Tras esa etapa en el Racing, llegó la hora de cambiar de ciclo y Morán continuó en la máxima categoría, aunque por poco tiempo y con menos protagonismo del que esperaba. Se fue al Cádiz, donde le tocó vivir dos años complicados. El primero, con el descenso de categoría. Y el segundo, con un quinto puesto, insuficiente para alcanzar de nuevo la gloria. Además, el papel del madrileño fue secundario, en un equipo con nombres como el de Lucas Lobos, Jonathan Sesma, Pavoni o un incipiente Pablo Hernández. Tras jugar 29 partidos en dos años, parecía que su estrella se apagaba. “Hubo alguien -pide que no cite el nombre- que incluso me sugirió la posibilidad de empezar a pensar en la retirada. ¡Y solo tenía 31 años!”, se sorprende. La música ayudaba a hacer más llevadera la frustración. Le costaba encontrar una oferta que le sedujera y estuvo a punto de bajar una categoría e irse a Segunda B para enrolarse en el Ibiza. Pero entonces, como en los buenos conciertos, sonaron los bises. Cuando ya tenía los billetes de avión en la mano, el Albacete, con el que había estado entrenando unos días, se decidió a apostar por él, después de la marcha de uno de sus centrocampistas estrella, Parri. Y no se equivocó. “Aquella fue otra de las temporadas de las que tengo mejores recuerdos. Hicimos un grupo humano increíble. Fuimos capaces de conseguir la permanencia después de pasarnos más de 30 jornadas en descenso. Y empecé a jugar en más posiciones, como la de pivote, que me han servido de mucho más adelante”, relata. Además, Morán volvió a sentirse importante, a ser el solista que brilla bajo los focos. 38 partidos y tres goles le devolvieron la sonrisa y el prestigio. Y fichó por un aspirante al ascenso, un Hércules que, pese a conseguir 78 puntos en la siguiente temporada, se quedaría sin el premio de subir.

A pesar de  la desilusión por el ascenso que se esfumó, aquella campaña hubo una fiesta muy especial de una plantilla que consiguió unos números que en cualquier otro curso hubieran servido para dar el salto a la máxima categoría . Varios jugadores del Hércules, comandados por Morán a la guitarra, se subieron al escenario para tocar un puñado de canciones de grupos como Melón Diesel, Pereza o Loquillo. Y a la batería, otro peso pesado, Farinós, que ha acabado siendo el alumno aventajado del madrileño con las baquetas. “Aprendió enseguida y encima lo hace muy bien”, reconoce. Y no es el único al que ha inoculado el gusanillo de la música. Juanma, compañero en el Racing, o Longás, con quien comparte vestuario en el Nàstic, su último destino, también han pasado por su particular academia.

En verano de 2009, Morán decidió abandonar el Hércules para poner rumbo a Tarragona. Esteban Vigo contaba con él para el nuevo proyecto alicantino -pese a que inicialmente constaba en la lista de bajas, enseguida convenció al técnico, que acababa de aterrizar en el club-, pero el Nàstic le planteó un contrato de dos temporadas, con el aliciente de ser uno de los hombres importantes de la plantilla. Y de nuevo una decisión acertada, la nota perfecta.  Completó dos campañas con números de juvenil (39 partidos y siete goles en la primera, 33 y cuatro en la segunda) y  el público del Nou Estadi quedó totalmente rendido a sus pies. “Me molesta que se cuestione a los jugadores solo por su edad. Analiza la media del Inter de Mourinho, que ganó la Champions, o la de Italia que se proclamó campeona del Mundo en 2006″, argumenta, con razón. Acaba de renovar por dos temporadas más y buena parte de las esperanzas de salvación del equipo grana recaen en su arte. Si lo consiguen, ya ha prometido un concierto para estrenar su último disco. Todavía lo está ultimando,  ha contado con la colaboración de un montón de amigos que ha reclutado para la ocasión y lo piensa poner a la venta a beneficio de una ONG de apoyo a las mujeres maltratadas. Mientras tanto, entre acordes y golpes de baqueta, seguirá dejando detalles de calidad sobre el césped cada domingo. Juega Morán, se hace el silencio en Tarragona. Música, Maestro.

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comentarios
  1. Yiyo dice:

    Jajaja. Yo me acuerdo de verlo en uno de los programas de “El día de antes” o “El día después” cuando jugaba en el Racing llenando el local de ensayo con cartones de huevos para insonorizarlo. Creo recordar que tocaba con una prima suya

    Gran jugador.

  2. Àlex Pareja dice:

    Un auténtico artista, en todos los sentidos. En su casa no puede faltar una habitación con una batería eléctrica -de esas que hacen poco ruido- y un par de guitarras. Es tan buena persona como futbolista. Y esta vez, el tópico es muy cierto.

  3. […] cuando el míster los llame. El menudo Quero demostrará, una vez más, que el tamaño no importa. Morán tararea la melodía de su última composición, relajado, consciente de que la calidad no se pierde […]

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