Fernando Maestro o el elixir de la eterna juventud

Publicado: 04/27/2012 en Jugadores
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“Soy el mejor tirador de cañas de España”, presume, dicharachero, después de un buen rato de conversación en el que se ha ido rompiendo el hielo poco a poco. Y su afirmación parece creíble. Se ha pasado horas y horas detrás de la barra, sirviendo, entreteniendo al personal con su charla alegre, sacando adelante un negocio tan esclavo como el de una cervecería. Un sacrificio enorme que no se diferenciaría mucho del de otros miles propietarios, a no ser de un pequeño gran detalle: el barman no es un tipo cualquiera. Es Fernando Maestro (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, 15-04-1974), el jugador más veterano de Segunda. Un tipo con más de 500 partidos a sus espaldas. Un portero que ha vivido en primera persona los cambios que ha experimentado el fútbol más modesto, menos agradecido, en las dos últimas décadas. Que se calzó unos guantes por primera vez el mismo año en que España goleó a Malta con aquel mítico 12-1, o que se produjo la expropiación de Rumasa. Que, además de empresario, es historia viva en el Alcoyano. Y que tiene cuerda para rato.

“Empecé a jugar en el Sant Cugat, con nueve años, y ya me metí de portero. Y se me dio bien, porque enseguida vino a buscarme el Espanyol”, rememora. En la cantera blanquiazul destacó de tal manera que llegó incluso a vestir la camiseta de la selección española en categorías inferiores, coincidiendo con jugadores de la talla de Julen Guerrero, Ángel Morales, Javier De Pedro o Xavi Roca, todos ellos retirados hace tiempo. Sin embargo, su destino acabaría apuntando a la Segunda B, con dos grandes destellos en plata: con el Terrassa, hace una década, y, ahora, en El Collao. Maestro es el último superviviente de una época de campos de poco césped y mucha tierra. De equipaciones de gusto dudoso y de un fútbol tan duro como un balón Mikasa. “Tenías que vivir el día a día, sin más. No te hacían contratos largos. El secreto era el sacrificio, intentar evitar al máximo las lesiones y morderte mucho la lengua”, confiesa. Una fórmula que le ha ido de maravilla.

Maestro, con el Nàstic (cortesía de Jesús Ramiro)

Que a Maestro nada le amedrenta quedó claro bien pronto, en los inicios de su carrera. Con 18 años, ya era el portero del filial del Espanyol, el Hospitalet, en la categoría de bronce, y llegó a entrar en una convocatoria del primer equipo, de la mano de José Manuel Díaz Novoa. Sin embargo, al cabo de poco tiempo, el club blanquiazul le dio la baja y se enroló en el gran rival, el Barcelona. Su estancia en Can Barça fue efímera, saldada con una cesión al Sant Andreu, también de Segunda B. Corría la temporada 94-95 y, con 20 años, ya era un jugador con experiencia contrastada en la que, probablemente, es la categoría más desagradecida de todas. Al año siguiente, ya sin el vínculo con el Barcelona, repitió experiencia en el Narcís Sala y empezó después una singladura curiosa: después de pasar por el Nàstic y el Onteniente, el Espanyol lo recuperó para el filial, a causa de una plaga de lesiones. No fue una buena elección; fue suplente, a la sombra de Valbuena y su carrera parecía estancarse. Fue entonces cuando dio el paso más valiente, al aceptar una oferta del Denia, de Tercera. Lo importante era jugar y tener una buena situación en casa. “Mi mujer no estaba a gusto y quería volver para su tierra. Y tuve la suerte de jugar y hacer un buen año, lo que me permitió volver a ponerme en circulación en Segunda B”, valora. Como en tantos otros casos, el paso hacia atrás sirvió para coger un gran impulso.

El Terrassa, con Maestro bajo palos, consigue el ascenso a Segunda

El premio llegó pronto. Tras una buena campaña en el Gandía, se enroló, ya con 28 años, en el Terrassa de Miguel Álvarez que sorprendió a todo el mundo cuando, tras clasificarse de rebote para la fase de ascenso -El Zaragoza B no podía jugarla porque el primer equipo acababa de descender de Primera-, hizo un playoff perfecto (seis victorias de seis en la liguilla) y se coló en el fútbol profesional de la mano de un puñado de nombres ilustres, como Keko, Pedro Riesco, Juan Carlos Sanz, Cristian García, Mario Gibanel o Monty. “Es un tópico, pero realmente lo que más destaco de aquel equipo es que éramos una familia, un grupo con un nivel humano increíble. Con muchos de ellos todavía tengo un contacto muy fluído”, asegura. Maestro continuó dos años más en Terrassa, pese a perder la condición de titular indiscutible y compartir la portería del Olímpic con el joven José Miguel Morales. “La experiencia fue muy buena, pero lo más ingrato fue ver como empezaron a llegar jugadores con contratos estratosféricos, de mucho dinero, que hicieron que la economía del club se fuera desestabilizando poco a poco”, valora. En aquella época, Maestro tuvo la oportunidad de protagonizar algo que ya quisieran muchos jugadores de Primera: salir en la portada de Marca. Y fue gracias a un arranque de carácter marca de la casa.

La Zancadilla a Portillo, portada en Marca

“Vaya semanita que me dieron”, comenta, entre risas, al recordar la anécdota. Corría el mes de enero de 2003, cuando el bombo emparejó al Terrassa con el Real Madrid en los octavos de final de la Copa del Rey. Los blancos, que formaron con algunas figuras de la talla de Guti, McManaman o Hierro, se adelantaron gracias a un gol de penalti que transformó Javier Portillo al estilo Panenka, algo que no gustó en absoluto al portero. “Marcó y empezó a gritar ‘¡Toma!’ en mi cara. Así que cuando pasó por mi lado, como sin querer, le puse la zancadilla. ¡La que lié! Se arremolinaron todos ante mí. Me hice el sueco y dije que se había caído solo”, relata. Al día siguiente, su coartada quedó desmantelada en el diario de mayor difusión del país. El choque acabó con un 3-3 heroico que todavía se recuerda en Terrassa. La vuelta, en el Santiago Bernabéu, fue uno de los encuentros más especiales de la carrera del guardameta. “Es un estadio único. El más bonito para jugar que he visto en mi vida. Perdimos 4-2 y me fui de allí pensando que no volvería jamás. Pero mira por dónde, al cabo de unos años, sí que lo hice. Volví”, reflexona. Y, efectivamente, lo hizo, para escribir una de las páginas más brillantes de un club histórico, el Alcoyano, en su ascenso a Segunda. Pero para eso todavía quedaban unas cuantas temporadas.

Maestro llegó a Alcoy en la 2004-2005, con 30 años, una edad que, pese a la longevidad extra de los porteros, parecía anunciar una estancia corta en El Collao. El equipo acababa de regresar a Segunda B y se encomendó a su experiencia como una apuesta inmediata para asentarse en la categoría, pero resultó ser algo más que eso. Fue un auténtico flechazo. “Este club es sagrado. Es muy importante para la gente de Alcoy. Piensa que aquí, como aquel que dice, sólo tenemos la fiesta de Moros y Cristianos y el Deportivo. Es un club muy especial, una entidad tremendamente familiar, en la que todo está muy a mano. Seré toda la vida del Alcoyano”, resume, con contundencia. Lógico, teniendo en cuenta que ha disputado más de 300 partidos con su camiseta y que ha pasado por situaciones de todo tipo. Las más dolorosas, las dos fases de ascenso fallidas, ante el Burgos, en 2007 -eliminados por penaltis- y ante el Cartagena y el Alcorcón, en 2009, tras haber quedado campeón de grupo. “El partido ante el Cartagena fue especialmente cruel, porque habíamos remontado el partido para igualar el 2-1 de la ida. Íbamos camino de la prórroga y, en el último minuto, perdimos un balón y nos metieron un gol a la contra. Fue un mazazo. Nunca había visto El Collao tan lleno a reventar como aquel día”, rememora.

En Alcoy, mientras iba sumando partidos a su palmarés, se despertó su vena empresarial. Buscaba un negocio con el que poder completar los ingresos del fútbol. Y lo encontró casi por casualidad. “Tuve la idea con mi mujer, con la que lo comparto todo. Una noche, estábamos cenando con Pedro Riesco en una cervecería auto-pull, de esas en las que te sirves tú mismo. Me pareció algo novedoso, que no había llegado a Alcoy, y decidimos embarcarnos”, explica. El bar se llama X-TRO (portero, en lenguaje sms) y funciona bien, gracias al esfuerzo inicial. “Por suerte, ahora tengo a gente trabajando y puedo permitirme pasar menos horas detrás de la barra. Pero los cuatro primeros años fueron duros. Salía de entrenar y me ponía a trabajar en la cervecería hasta tarde. Y al día siguiente, a madrugar y vuelta a empezar. Como todo en esta vida, funciona si le pones ilusión y muchas horas”, comenta. Un planteamiento que también explica, quizás, su longevidad bajo los palos. “Hay que cuidarse mucho. También voy al gym y el entrenamiento invisible, la alimentación y el descanso, es clave. Luego, además, he tenido mucha suerte, porque las lesiones me han respetado”, analiza.

Reportaje de Adrián Arroyo y José Quereda para ‘Dorsal 10’

La cervecería se convirtió, con el tiempo, en lugar de encuentro de un buen puñado de jugadores de la plantilla, que no han dudado en hacer piña en momentos importantes alrededor de alguna de las mesas de su local. Como el curso pasado, cuando el equipo encaraba la recta final de la temporada con los playoff en el horizonte y se conjuró para no volver a dejar pasar la oportunidad, como en las dos anteriores ocasiones. El destino fue caprichoso y quiso brindar a Maestro la oportunidad de volver, ocho años después, al escenario que tanto le había impresionado: el Bernabéu.

El Alcoyano venció en el Bernabéu con un gran partido de Maestro

“Llevábamos toda la temporada jugando en campos pequeños, con poca gente, y, en el primer partido de las eliminatorias, nos vimos un domingo a las 12 del mediodía con 60.000 personas animando al Castilla. Ganar allí fue un golpe moral importante”, remarca. Y así fue. El Alcoyano cogió carrerilla y eliminó al filial blanco, al Eibar y al Lugo para abrirse paso de vuelta al fútbol profesional 42 años después. “El día del ascenso en Lugo fue, seguramente, el más especial de todos los partidos que he jugado en mi carrera. Asumirlo después de tantos años intentándolo y con mi familia presente en el estadio fue algo que no olvidaré”, confiesa. Además, lo consiguió luciendo unos guantes de su propia marca (de nuevo X-TRO), con la que intenta competir en un mercado tremendamente complicado.

Maestro posa con los guantes de su propia marca

Esta temporada, pese a su veteranía, Maestro inició la Liga como titular. Un premio al esfuerzo de tantos años. “Disfruto de cada partido, de cada desplazamiento. Es una auténtica maravilla poder jugar en estadios como Riazor, Balaídos… todos tienen un nivel espectacular. Después de tantos años en campos de plástico, con gradas que casi se caen, es un lujo encontrarte de nuevo con estas condiciones”, resume. La marcha del equipo, que lucha por evitar el descenso, y la llegada de un nuevo entrenador, Luis César Sampedro, le han relegado a la suplencia, tras 27 partidos bajo palos. Ha encajado bien el golpe. “Los veteranos estamos para ayudar y transmitir tranquilidad. Esa es nuestra misión”, reflexiona, sabedor que en el vestuario también se le aprecia especialmente por su carácter extrovertido y bromista. “Incluso durante los partidos saco mis dotes de humor. Pongo vocecitas a los defensas, como si tuviera miedo, y les pido que no dejen chutar al rival. El portero debe ser vivo, espabilao. Y hay que saber dosificar cuándo y con quién sacar el genio”, explica.

Sea cual sea el desenlace de la temporada, al portero todavía no le ha llegado la hora de la jubilación, que, eso sí, tiene una fecha marcada. “Me retiraré con 40 años, a ser posible con el Alcoyano en Segunda. Lo haré aunque esté bien, como ahora, o muy bien. Lo tengo claro. Tengo mucha suerte de haber podido alargar tanto mi carrera”, asume. Está fuerte, con ganas, a la edad en la que muchos ya no tienen ni siquiera la determinación de vencer la pereza para jugar pachangas de veteranos. Quién sabe. Quizás, en algún rincón escondido de su bar, en una botella sin etiquetar, Maestro guarda el secreto de su longevidad. El elixir de la eterna juventud -física y mental- que le permite seguir disfrutando de su profesión como hace ya dos décadas, cuando se entrenaba a la sombra de Biurrún y Emilio Iserte, en el desaparecido Sarrià, soñando con comerse el mundo.

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comentarios
  1. nenu dice:

    como puedo conseguir los guantes de Maestro, me encanta la calidad de esos guantes y tengo una escuela de porteros con varias niños que me podría interesar.

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