La escena, en el vestusto Olímpic Lluís Companys, olía a drama. Años antes de que la crisis golpeara con fuerza a millones de hogares, se estaba a punto de fraguar una situación que, desgraciadamente, a muchos les sonará e, incluso, les habrá tocado de cerca. La historia de alguien que se compra una casa nueva, hipotecándose hasta las cejas, y que contempla como está a punto de perder buena parte de sus ingresos. El vértigo. La perspectiva de una deuda impagable. La ruina. Sin embargo, allí estaba él, Ferran Corominas (Banyoles, Girona, 05-01-1983), un chico apenas imberbe, con cara de pillo, para cambiarlo todo en el último suspiro con dos toques mágicos. Para garantizar la supervivencia económica del club de su vida, el Espanyol. Para convertirse, por siempre jamás, en el hombre de los goles salvadores.

Nadie sabe a ciencia cierta qué hubiera sido del Espanyol sin aquel gol, pero lo que es innegable es que elevó a Coro a la categoría de mito con apenas 23 años. Más de un lustro después, los aficionados aún hablan de aquel gol como el que hizo posible la mudanza a Cornellà-El Prat. Y buena prueba de ello es que Corominas es el único jugador de Segunda que cuenta con una biografía. Coro es la vidaescrita por el periodista Marc Raymundo, fue una de las sorpresas agradables del pasado Sant Jordi, la fiesta del libro y la rosa en Catalunya. Es el retrato de un delantero que, a los 29 años, lucha de nuevo por una salvación; en este caso, la del Girona, el club en el que se refugió cuando, de pronto, pasó a ser un extraño en su propia casa. Mediático, pero trabajador, Coro no es un jugador cualquiera. Es un debutante ilustre en una categoría que, sin embargo, no entiende de pasado. “Cuando me llamó Marc para proponerme escribir el libro, hace casi un año y medio, no me lo creía. ‘¡Pero si me queda mucho fútbol, no me quieras retirar todavía, hombre!’, le dije. Pero mira, me convenció y al final ha salido un libro del que estoy muy orgulloso”, reconoce. En él, se relata una historia que siempre, casi desde la primera pelota que tocó  con la camiseta del primer equipo blanquiazul, estuvo ligada a los goles decisivos.

Criado en su Banyoles natal, Corominas empezó a destacar en las filas del Vilobí d’Onyar, un club de la provincia de Girona que, a mediados de los 90, podía presumir de tener una fantástica estructura de base. El juvenil militaba en División de Honor y el primer equipo, en Tercera. El campo, pequeño pero coqueto, tenía un césped que todo el año estaba en perfectas condiciones. Y los chicos siempre tenían el último modelo del Adidas reglamentario para practicar un juego rápido y brillante. “Fue dar un paso adelante, salir de casa e ir a parar a un sitio donde había las mejores condiciones”, recuerda. Y vaya si fue así. En su segundo año como juvenil, explotó de una manera imparable. Marcó 14 goles con su equipo y otros 15 con los mayores. Al acabar la temporada se lo rifaban. Y él, sin representante. Le asesoraba el propio presidente del Vilobí. “Era muy joven, no sabía cómo iba el negocio. Me llegaron ofertas de un montón de equipos: Barça, Villarreal, Valencia… pero aposté por el Espanyol porque siempre había sido periquito y, además, valoramos que era un club donde los jugadores del filial podían tener más oportunidades”, razona.  Así pues, con un último año de ciclo formativo que cumplir, hizo por fin las maletas y se plantó en Barcelona.

El primer medio año lo pasó en la residencia del club, pero pronto se emancipó para pasar a compartir piso con un proyecto de lateral que también apuntaba alto: Marc Bertrán. Aprendían de la vida dentro y fuera del campo. “La liaba mucho con la comida. Era muy malo. Al principio, tenía que tirar lo que había cocinado y comer algo de lo que había preparado Marc, o irme directamente a un restaurante. Luego ya me manejé mejor, pero era pura comida de supervivencia”, admite. En el césped, sin embargo, el cambio de entorno apenas se notó. En su primera campaña en el filial blanquiazul jugó 32 partidos, anotando un total de siete dianas. Al año siguiente, la temporada 2002-2003, sus marcas mejoraron. Y, casi de la noche a la mañana, recibió la llamada del primer equipo. Javier Clemente lo reclamaba para un partido de Copa en Elche. Fue una sorpresa. “No  había entrenado con ellos más de tres o cuatro veces. Había otros compañeros que habían subido más, pero aquel día me tocó”, recuerda. Debutó en la segunda parte, sustituyendo a Raúl Molina, con un marcador cómodo, 0-2 a favor. Pero las cosas se pusieron feas en un momento. “Nos empataron. La cosa pintaba mal, estaba nervioso. Pero mira, hacia el final del partido, me cayó un balón y metí gol”, relata, con sencillez. Era el debut soñado. Un gol que, además de clasificar al equipo para la siguiente ronda, suponía una excelente carta de presentación para el delantero, el presagio del puñado de goles salvadores que estaban por llegar. La exposición mediática fue un impacto, pero el chaval no volvió a aparecer por el primer equipo hasta casi un año después.

Coro, con el Espanyol B. Es el cuarto por la derecha de la fila superior.

Por aquel entonces, ya era una realidad imparable. Lideraba el filial, donde goleaba casi en cada partido (coleccionó 19 tantos en total) y Clemente se aferró a él como último recurso para salvar su cabeza. El debut en Liga, ante el Zaragoza,  fue muy diferente al de Copa. “Fue todo muy difícil. Entré al campo con 0-2 y nos quedamos con un hombre menos. El ambiente estaba enrarecido, la gente estaba muy descontenta y nos silbaba”, narra. Al final, el Espanyol perdió el partido y Clemente, el trabajo. Coro jugó un encuentro más aquel curso, en el que el Espanyol sufrió para mantenerse. Pero su etapa en el B se estaba acabando. Sólo hacía falta tener un poco de paciencia y esperar la llegada del verano. La alegría definitiva estaba al caer.

“Empecé muy bien la pretemporada y me hicieron contrato con el primer equipo, por un año y tres más opcionales. Al principio siempre pasaba lo mismo, era el descarte de última hora en una lista de 19 jugadores. Pero luego empezaron a darme minutos en las segundas partes”, expone. Coro los aprovechó, y pronto llegó el primer gol en Liga. Fue ante el Numancia, en un partido que estaba atascado hasta su salida al terreno de juego. Dio una asistencia a Amavisca en el primer tanto y luego marcó el segundo a pase de Tamudo. La paradoja fue que, tras esas buenas actuaciones, quedó encasillado en el papel de revulsivo. Como un actor desconocido que, tras un primer taquillazo con una comedia, ya no recibe ni un solo guión dramático. “Me colgaron aquella etiqueta y la fui arrastrando a lo largo de los años. Siempre he tenido que intentar demostrar que era válido para jugar los 90 minutos”, lamenta. Han tenido que pasar unos cuantos años para que pueda hacerlo. Y ha sido en el Girona.

La campaña 2005-2006 fue la de la consolidación definitiva de Coro como pieza importante en el primer equipo (32 partidos) y, especialmente, como el hombre de las grandes ocasiones. Desplazado a la banda –Tamudo y Luis García eran indiscutibles por el centro- su aportación goleadora se quedó en tres tantos. Pero uno de ellos todavía resuena en las gradas de Montjuïc.

El gol contra la Real. El Espanyol se salva del abismo.

Era la última jornada y  el Espanyol luchaba por evitar el descenso. El futuro del club estaba, literalmente, en juego. Con un estadio en construcción, la economía del club no podía resistir la pérdida de categoría y el drástico recorte de ingresos que eso hubiera supuesto. El drama flotaba en el ambiente. Y más, cuando llegaron los ecos del gol que el Alavés, el otro aspirante a eludir la guillotina, acababa de conseguir, bien entrada la segunda parte. “Recuerdo jugar durante unos diez minutos con medio equipo llorando en el campo. Estábamos desesperados. La Real Sociedad se empleaba a fondo, a pesar de los rumores que se habían hecho circular. Y nosotros habíamos dado tres palos”, rememora. La crónica parecía escrita. Hasta que, en tiempo de descuento, un balón colgado desde la defensa por Dani Jarque acabó en los pies de Coro. “No sé ni quién la peinó. Pero vi la pelota botando y rematé. No recuerdo gran cosa más. Tengo que mirar los vídeos o las fotografías de aquel momento para ver que estaba totalmente desencajado. Sólo recuerdo correr y tirarlo todo a mi paso”, confiesa. El delantero, que también había marcado meses antes en la final de Copa, ante el Zaragoza, se hacía mayor y salvaba a su equipo de una crisis financiera aguda. Aquel gol valía, aproximadamente, 18 millones de euros. La diferencia entre la élite y el fútbol de plata. “Todos los que estaban dentro del club sabían que la situación era extremadamente delicada, los números no habrían cuadrado”, reconoce. Después de aquello, se acabó el andar tranquilo por la calle. “La gente todavía me lo recuerda ahora, Y eso es lo más bonito”, asegura.

Tras la gesta, Corominas se debería haber asentado definitivamente en el once blanquiazul, pero la intermitencia nunca le abandonó del todo. La siguiente campaña, con Valverde en el banquillo, el equipo alcanzó la final de la UEFA con un concurso extraordinario del delantero, que anotó cinco goles en once partidos en la competición. El último, en la vuelta de la semifinal en Bremen. Sin embargo, Coro vio desde el banquillo toda la final ante el Sevilla, con la fatídica tanda de penaltis como colofón a su desgracia. Era su sino. Corominas siempre era el delantero prescindible, el primer cambio si había salido de inicio o el revulsivo que guardarse en el banquillo como último cartucho.  Su fútbol se resintió. Como el jersey que sale poco del armario, empezó a apolillarse.

De los anuncios al ostracismo hay un paso.

Coro necesitaba aire fresco y, tras acabar su contrato, tenía casi resuelto marcharse al Mallorca, con el que ya tenía un acuerdo. Sin embargo, un gesto del Espanyol lo cambió todo. No es fácil decir ‘no’ al amor de tu vida. “Me llamó el director deportivo para proponerme una oferta importante. Se arreglaron las cosas. Parecía que la apuesta por mí era fuerte, que confiaban en mí. Por eso me quedé”, resuelve. Sin embargo, nada cambió. Al contrario, todo fue a peor. En el terreno deportivo, su presencia empezó en las alineaciones empezó a menguar. Y, en el personal, vivió en primera persona, muy de cerca, la muerte súbita de Dani Jarque, una trágica tarde de verano de 2009. “Era mucho más que un compañero para mí. Éramos amigos, siempre quedábamos fuera del ámbito del fútbol. Fue un golpe durísimo. Los primeros partidos después de aquello, cuando llegaba el minuto 21 y el público empezaba a aplaudir, me emocionaba tanto que se me ponía la piel de gallina. Nos dejó a todos muy tocados”, reconoce, aunque se nota que no quiere profundizar demasiado en el tema. La herida no se ha cerrado del todo.

Tras aquello, Coro languideció aún más. Aquel año, a duras penas pasó de los mil minutos, y disputó más partidos de suplente que de titular. El curso siguiente todavía fue peor y, con una sola presencia hasta enero, resolvió marcharse cedido a Osasuna, donde José Antonio Camacho le esperaba con los brazo abiertos. Pero, en otra jugarreta del destino, el técnico fue despedido a las pocas semanas y el de Banyoles cambió el frío de la grada de Cornellà por el del banquillo del Reyno de Navarra. “Pese a todo, estoy contento de haber ido allí, Pamplona es una ciudad preciosa, con buena gente. Y sabía que en el Espanyol las cosas hubieran ido peor”, reflexiona, y así fue. Llegados al pasado verano, con contrato en vigor, en el club decidieron apartarlo. Ni siquiera le comunicaron cuándo debía volver a los entrenamientos para empezar la pretemporada. “Nadie me decía nada, así que después de ver en las noticias que el equipo se reincorporaba al trabajo en unos pocos días, tuve que llamar a mi representante para reclamar que nos tuvieran en cuenta”, narra. El club lo citó una semana más tarde que al resto para hacerse la revisión médica, acompañado del resto de descartados, Lola y Ángel. A los pocos días, cuando éstos encontraron destino, se quedó totalmente solo. Le prohibían entrenarse con los que durante tantos años habían sido sus compañeros. “Fue durillo. Me daban hora para entrenarme al lado de un preparador físico a la una del mediodía o a las cuatro de la tarde. En pleno mes de agosto”, señala. Pochettino, el técnico, no le volvió a dirigir la palabra.

La pesadilla acabó tarde. Jugador y club no llegaban a un acuerdo para rescindir y las ofertas, algunas de Segunda, otras del extranjero,  iban pasando. Finalmente, sobre la bocina, la situación se desatascó y Coro pudo agarrarse a uno de los últimos trenes: el Girona. “Había hablado con Raúl Agné y me expuso un proyecto interesante. Además, era volver a casa. Un motivo más para estar contento”, explica. La tradición familiar hizo el resto: su abuelo Benjamín Telechea, ex jugador de Primera, fue técnico del conjunto gerundense. Y su tío también vestió la camiseta rojiblanca, un par de décadas antes que él.

Los dos primeros goles de Coro con el Girona.

Desde el primer día, Coro se ha vuelto a sentir importante en un equipo, una sensación que casi había olvidado por completo. Marcó un doblete únicamente dos semanas después de debutar en Montilivi y es, con 12 dianas, el máximo goleador de un equipo que boquea, ansioso por un oxígeno que se agota. “Estoy jugando en todas las posiciones de ataque: solo, en la media punta, en banda… y sienta muy bien poder jugar de nuevo al máximo. Al final, después de tanto tiempo apareciendo sólo a ratos, piensas que quizás pasa algo. Pero, por suerte, siempre he confiado mucho en mí”, reflexiona.

La biografía de Coro, obra del periodista Marc Raymundo.

Pasan las jornadas y el margen del Girona se acaba, pero si el equipo llega a la última jornada con opciones de salvación, en Montilivi están tranquilos: tienen a Coro. El hombre de los goles milagrosos se guarda un último as en la manga, que haga necesaria una segunda parte de la biografía. Así, su hija, nacida este curso, podrá leer completas las hazañas de su padre; el chico que con 23 años salvó la vida a un club centenario y que ahora intentará hacer lo mismo con el de su tierra.

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comentarios
  1. Choppiswan dice:

    Otro hattrick esta jornada contra el Guadalajara y ya suma 15 goles esta gran temporada que está haciendo en uno de los colistas.

    Para mí Corominas siempre fué el típico jugador de casa condenado a no ser más que un revulsivo o tener una temporada entera como mucho en su equipo, jugador condenado pese a ser delantero a no hacer un gran número de goles por temporada, jugador que juegue bastante partidos pero no minutos y jugador que tiene que emigrar para demostrar con clarividencia su calidad.

    Me puede recordar en cierto modo a Antonhito, actualmente en el At. Baleares que tuvo que emigrar de Sevilla, pese a ser hombre importante y con calidad para demostrar verdaderamente su potencial.

    • Àlex Pareja dice:

      Menuda racha lleva. Contra el Alcoyano, dos más. Cinco en dos partidos… y sumando. Su aportación en dos partidos clave (ahora que, con el descenso del Villarreal, solo bajan tres) ha sido magnífica.

      Personalmente, me recuerda más a Moya, aquel delantero que pasó por el Sevilla, Valencia y AMllorca sin que nunca pudiera consolidarse como titular, a pesar de promediar un buen número de goles por temporada. Cuando te cuelgan la etiqueta de revulsivo, es muy difícil desmentirlo.

      Ojo con el Atlético Baleares, el Manchester City de la Segunda B, que va camino de subir. Han quedado primeros de grupo. Y con jugadores como Antoñito, Perera, David Sánchez… todos, con muchos partidos en Primera y Segunda. A ver qué tal el playoff.

  2. Choppiswan dice:

    Pues sí, una buena racha la de Coro que con este doblete suma 16 goles (mencionar también que Iago Aspas con su sexto doblete de la temporada suma 17 más el que le quitaron contra el Cartagena en casa), 16 goles en un equipo que va 4º por la cola y que ahora mismo está salvado gracias al Villarreal b y en gran medida a Coro.

    Bien cierto que como te cuelguen la etiqueta de revulsivo después es muy difícil quitarla y más cuando rindes partido sí y partido también como es el caso de Joan Tomás en el Celta. Otro al que me puede recordar también ahora que mencionas el At. Baleares es Dani, el ex-bético (y al cual le tengo un poco-bastante de tirria) que era un poco así delantero revulsivo.

    El At. Baleares después del temporadón que hizo y plantilla que tiene debería estar en segunda división el anho que viene. Perera quedó como pichichi de la categoría con 23 goles. Que amor le tengo a este jugador!!!

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