Jean-Sylvain Babin, el Thuram de Santo Domingo

Publicado: 09/14/2012 en Jugadores
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Si hay algo de Jean-Sylvain Babin (Corbeil-Essonnes, Francia, 14-10-1986) que impresiona de entrada es, sin duda, su físico. Con su 1’85 y sus 82 kilos de peso, su perfil se asemeja más al de un boxeador en buena forma que a un futbolista. Uno se lo imagina en la ceremonia de pesaje de un gran combate en un hotel de Las Vegas, al lado de Don King, y da el pego. Intimida. Pero, como el personaje que interpretaba el tristemente desaparecido Clarke Duncan en ‘La milla verde’, todo se queda en una imponente fachada y nada más. En el fondo, este central que lidera la zaga del Alcorcón es todo corazón. Y su trabajo le ha costado llegar a ser importante en uno de los equipos más sorprendentes de las últimas temporadas en la categoría. Si no fuera por su cabezonería y sus ganas de triunfar, nunca hubiéramos oido hablar de él en la categoría de plata.

No hace tanto tiempo, en diciembre de 2008, Babin se preguntabá qué demonios le había empujado a salir de su Francia natal para apostarlo todo al Lucena, un caballo que él creía ganador pero que había resultado ser cojo. Descolocado, en un país en el que apenas dominaba el idioma, jugando poco y cobrando menos aún, el agujero de la Segunda B parecía haberse cobrado una nueva víctina, otro aspirante a futbolista de élite que se quedaba por el camino. Lo fácil hubiera sido rendirse, volver a casa y conformarse con lo que había allí. Pero Babin no sucumbió a la tentación. “Cuando me fui de Francia, lo hice para triunfar. Allí sabía que no me iban a dar ninguna oportunidad, así que, aunque lo estaba pasando realmente muy mal, decidí aguantar. ¡Y la apuesta salió bien!”, exclama, con una carcajada entre tímida y orgullosa. Aquella decisión, quedarse en un sitio en el que no contaba y pasaba apuros económicos, supuso, a la larga, su puerta de entrada a una Liga Adelante. Una competición que, si todo sigue así, se le puede quedar pequeña en breve.

La historia de Jean-Sylvain empieza en los suburbios de París, aunque sus raíces queden mucho más lejos. Concretamente, en las aguas del mar del Caribe. Allí, en la Isla de la Martinica (colonia francesa), vivían los Babin. “A finales de los 70, mis padres decidieron partir hacia Francia en busca de oportunidades, de una vida mejor. Ya tenían  un hijo allí, mi hermano mayor, y tanto mis otros dos hermanos (un chico y una chica) y yo ya nacimos en territorio francés. Nos criamos en Corbeil-Essones, un pueblo de unos 40.000 habitantes en el área metropolitana de París. Lo mejor de todo era que nos pasábamos el día en la calle, jugando al fútbol, haciendo amigos, aprendiendo muchas cosas”, recuerda. Los vínculos con su lugar de origen no se rompieron nunca. Cada tres o cuatro años, la familia reunía lo suficiente como para volver una temporada de vacaciones. Y claro, el impacto entre los dos mundos era innegable. “A mí me encantaba. Se come muy bien, hay una playa preciosa, la gente es muy amable… tengo muy buenos recuerdos. Y mi familia, mis abuelas, mis tíos y mis primos estaban allí”, explica. Vamos, la versión un poco más a lo grande de esa costumbre que tiene media España de ir cada verano ‘al pueblo’, a visitar los orígenes de los abuelos, con los nietos encantados de cambiar de aires y dejar por un tiempo la ciudad. La unión con Martinica es tan fuerte que, hace un par de años, incluso recibió una oferta para incorporarse a la selección local. “No está reconocida por la FIFA, así que no puede disputar un Mundial, pero sí participa regularmente en la Copa de Oro de la CONCACAF. Me hacía ilusión jugar en el equipo, pero renuncié porque quería centrarme en mi carrera de clubs. Ya tendré tiempo cuando sea más mayor”, reflexiona.

Y es que si algo ha tenido claro Babin desde chaval es que el fútbol iba a ser su forma de ganarse la vida. Empezó a jugar con seis años… de delantero. Su corpulencia física y su potencia le convertían en un elemento casi imparable para los defensas rivales. “Mi ídolo era Ronaldo. Era perfecto. Lo tenía todo menos cabeza”, confiesa. Un buen día, a los 15 años, y cuando ya se enfrentaba a los equipos más importantes de Francia de su edad, el destino quiso que su rol en el campo variara drásticamente. Una lesión de un compañero obligó al míster a colocarlo de defensa central. Y allí se quedó.

No se le debería dar mal del todo cuando, un año más tarde, se incorporó a las categorías inferiores del Chateuroux, un clásico de la Segunda división francesa. Y en mayo de 2004, cuando contaba 17 años, Babin se estrenó en partido oficial con el primer equipo. “Se habían clasificado para la final de la Copa de Francia y el míster dio descanso a mucha gente para poder preparar bien el partido”, confiesa, restándole importancia. Finalmente, se impuso la lógica y el Chateauroux perdió la final ante el PSG con un tanto de Pauleta. Babin no vivió el partido sobre el césped. Ni siquiera en el banquillo. Lo presenció desde la grada, animando a sus ‘mayores’.

La final de Copa que Babin vio desde la grada.

Un par de temporadas más tarde, Babin ya era miembro del primer equipo. Parecía que su consolidación era cuestión de tiempo, que seguía el cauce natural del futbolista predestinado a disfrutar de la élite. Sin embargo, en esas edades, cualquier paso en falso puede significar quedarse rezagado. Y a él le llegó en forma de lesión. “Empecé la campaña 2005-2006 jugando, pero tuve una lesión grave y estuve de baja seis meses. Luego, cuando reaparecí, me recolocaron de lateral derecho, y la cosa no iba bien”, admite. Otro año discreto (únicamente nueve apariciones) le condenaron a buscarse la vida en un escalafón más bajo. Acabó fichando por el Martigues, de la Tercera francesa -el equivalente a la Segunda B-, sintiendo que el fútbol no estaba siendo justo con él. Babin creía que merecía jugar más arriba. Así que, después de disputar 32 partidos en su nuevo club, y con la sensación de que en Francia no se le iban a brindar más oportunidades, se la jugó. Dio un auténtico salto al vacío.

“Hablé con mi repre para que me buscara algo más ambicioso y entonces me ofreció la posibilidad de dar el salto al fútbol español. Era en el Lucena, en Segunda B, la misma categoría en la que estaba en mi país, pero no me importaba porque para mí suponía un gran oportunidad de poner un pie en esta Liga tan potente. Además, en Segunda B hay muy pocos extranjeros, así que sabía que si lo hacía bien lo tendría fácil para destacar”, resume. Así que se lió la manta a la cabeza y apostó fuerte por el conjunto andaluz. Sin embargo, a los pocos meses tenía más de un motivo para arrepentirse. Los entrenadores no confiaban en él, no veían nada más allá de un físico portentoso. Y, para colmo, como en tantos otros equipos de Segunda B, el dinero empezó a escasear pronto. Llegaron los impagos, la incertidumbre económica que, por desgracia, es tan común y permitida en nuestro fútbol. Si a eso se le suma un conocimiento más bien pobre del castellano, la ecuación es bien simple: a los 22 años, Babin se sentía desorientado, lleno de dudas. “Lo pasé mal, muy mal. Sin la familia, sin cobrar… pero no renuncié porque quería demostrar que podía jugar más arriba. Lo único que faltaba era alguien que confiara en mí”, concluye.

Babin, en la etapa en el Lucena.

Y a veces, el fútbol, cuando todo pinta mal, te regala una nueva oportunidad. Porque, aunque tras las navidades el panorama mejoró ligeramente (al menos en lo deportivo), el giro definitivo iba a llegar de la mano de una desgracia. La lesión de un compañero, el veterano centrocampista Alberto Monteagudo, acabó significando una nueva vida para ambos. “Alberto se retiró y pasó, casi de la noche a la mañana, a ser nuestro nuevo entrenador. Él me conocía perfectamente, sabía lo que podía ofrecer, así que apostó por mí”, comenta. El Lucena finalmente salvó la categoría y Monteagudo renovó, convenciendo a Babin para que también lo hiciera, asegurándole un puesto en el once. Babin pasó de marginal a indiscutible. Y el Lucena, de luchar por la salvación a entrar en la Copa. Tras 34 partidos en un curso -y cuatro goles-, llegaba la oporunidad que tanto había esperado. El salto a Segunda.

“Pude haberme marchado unos meses antes, porque durante la temporada volvimos a tener problemas de dinero y el presidente me quería vender para saldar las deudas. Hubo algún contacto, especialmente con Las Palmas, pero al final el club canario no hizo caso al secretario técnico y la operación no se cerró”, revela. Finalmente, el que se llevó el gato al agua fue el Alcorcón. Allí, Babin se encontró con otro personaje clave en su desarrollo: Juan Antonio Anquela. “Confiaba más en mí que yo mismo”, confiesa. Y, en Alcorcón, se topó con un ambiente parecido al de su niñez. “Es otro pueblo de gente humilde, trabajadora, como el mío. Y la afición es increíble, la mejor que he visto. Nunca nos han pitado, aunque perdamos. Su filosofía siempre ha sido animar. Y eso se agradece”, asegura.

Desde su llegada a Alcorcón, Babin fue una pieza importante en el equipo. Y eso, a pesar de que no empezó excesivamente bien. En la tercera jornada, la visita a Las Palmas se saldó con derrota por 4-1 y un balance espeluznante para el defensa, que cometió dos penaltis y fue expulsado. “Fue un espectáculo, pero del malo. Ahora, afortunadamente, es únicamente un ml recuerdo, algo que me sirvió para ser más fuerte. Pero en aquel momentó dolió”, reconoce. Aquella fue la única concesión a los titubeos. La confianza en Babin no disminuyó y su presencia fue cada vez más influyente en el equipo. La primera campaña se cerró con 30 apariciones. Y, en la segunda, lo jugó casi todo (40 partidos), descubrió que también puede rendir de pivote y, además, se destapó como goleador gracias a los ‘Babinazos’, lanzamientos de falta lejanos que, cómo no, también fueron una idea de Anquela. “Un buen día, en la pretemporada, vino y me comentó que quería que me encargara de chutar las faltas lejanas y que me pusiera a practicar. Y así fue como empezó todo”, relata.

‘Babinazo’ en Santo Domingo.

Tras rozar con la punta de los dedos el ascenso a Primera, Babin continúa en el equipo convertido ya en el jefe de una defensa con la marcha de Agus al fútbol turco. A punto de cumplir los 26, le toca llevar los galones, mandar. Y lo hace a su manera. “Para mí ser líder consiste en actuar como un defensa, ir a muerte y estar siempre atento a los cortes. No me gusta gritar, porque tampoco me gusta que me griten. Además, para eso ya están los porteros”, declara, medio en broma, medio en serio. El buen humor es fruto de una situación personal estable. Vive apenas a dos calles del estadio, le gusta mezclarse con la gente de Alcorcón, y ahora tiene a su novia, Emi, de nuevo a su lado. Y decimos de nuevo porque es la misma chica con la que desde joven soñaba con llegar a hacer algo en el mundo del fútbol. Ella también es futbolista y ahora defiende los colores del Pozuelo. Es habitual ver a Babin en las gradas, presenciando los partidos, cuando no coinciden con sus propios encuentros. “Es la prima de mi mejor amigo. Jugábamos juntos a fútbol en la calle, siempre estaba intentando tirarnos caños. Es bonito compartir una pasión así, pero tampoco te creas que en casa estamos hablando de eso todo el día. Afortunadamente, cada uno tienes sus propios intereses”, manifiesta.

Tras pasar penurias, y con una carrera estabilizada, Babin ya piensa en el siguiente paso. Y no se corta. “Me encantaría jugar en Primera, evidentemente. Hubo alguna opción este verano, pero al final no salió. Y mi intención es demostrar que mi rendimiento la temporada pasada no fue de casualidad. Quiero hacer otro buen año y consolidarme para poder jugar algún día en la mejor Liga del mundo”, asegura. Algo que le acercaría un poco más a uno de sus referentes, Lilian Thuram. El ex del Barça, de hecho, también procede de las colonias francesas de ultramar y se crió en un suburbio. Para acabar establecer la analogía, sólo queda haber jugado en Primera. Y todo parece indicar que queda poco, muy poco. Mientras llega el momento, en Alcorcón sabrán apreciar como hasta ahora el esfuerzo de esa sombra imponente, potente, que achica balones y sale al cruce con la autoridad que le concede su físico privilegiado. El Thuram de Santo Domingo no conoce límites. Y se prepara para dar el gran salto.

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comentarios
  1. Trivi VLR dice:

    Felicidades primero por el reportaje y segundo por la web en general otra vez. Muy interesante artículo de, a la postre, superación personal.

    Cuando venga por la Nova Creu Alta espero que tenga un mal día…

    !Salud!

    • Àlex Pareja dice:

      Gracias por el comentario y por seguir el blog. Babin, como otros tantos que han pasado por el blog, tiene una historia de superación interesante detrás. Lo cual nos hace ver que no todos los futbolistas viven en un eterno cuento de hadas (aunque de esta clase también hay).

      Un abrazo.

  2. Pedro Santafosta dice:

    Una semana más, un placer poder descubrir historias de futbolistas modestos que intentan abrirse camino en su profesión. Historias que cuentan de dosis de esfuerzo e ilusión. Enhorabuena. Un saludo.

    • Àlex Pareja dice:

      El placer es mío por tener lectores así. Mi intención era esa, poder contar las grandes historias de esfuerzo que hay en la categoría y que quedan sepultadas por la avalancha de información de Primera. Celebro que te gusten. Gracias por el comentario y la fidelidad. ¡Un saludo!

  3. Choppiswan dice:

    La verdad que hay que tenerlos ‘bien puestos’ para abandonar tu país e ir a otro para jugar en la segunda división b, sin conocimiento de idioma y más aún cuando dejas todo para irte tu solo y ganando….? ¿ganando cuánto? Porqué entre la multitud de clubes que hay en segunda b que no pagan o que de hacerlo no creo que paguen mucho, dudo que el lucena económicamente pudiera hacer una oferta muy atractiva.
    Así que supongo que Babin se arriesgó a venir únicamente por el motivo ‘deportivo’ lo que lo hace aún más meritorio.

    Álex, no sé si conoces el juego Comunio, que ya nombrara alguna vez por aquí. Ahora que ya empezó la liga no, pero para el anho te recomendaría jugar al de segunda. En los dos últimos anhos Babin hizo muy buenas puntuaciones, de ahí a que me fije en ciertos jugadores. En este caso del Alcorcón y al igual que Paco Montanhés, jugador que me encanta.

  4. capitan18 dice:

    supongo que la opcion de primera que comenta es el Rayo Vallecano. me hubiera encantado tener a babin junto a jordi amat en el centro de la zaga, pero este chaval ya tiene un cache que en nuestra situacion no podemos permitirnos. le he visto algun dia en persona y acojona lo que no esta escrito.

  5. Choppiswan dice:

    Y por cierto Álex, te dejo aquí una página que consulto a menudo. La mejor base de datos que encontré por internet.
    http://www.bdfutbol.com/es/
    Todas las temporadas de Primera y muchas de Segunda y Segunda b (si pinchas en Temporadas arriba).
    Luego en equipos y jugadores tienes todos los datos que quieras. También hay estadísticas y rankins muy buenos (en Inicio). Increíble esta página.

  6. spiukman dice:

    Grande Babin ! Gran reportaje…. y gracias por aportar mi video del “Babinazo” . saludos

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