Antonio Hidalgo, el futbolista que sobrevivió al ERE

Publicado: 10/05/2012 en Jugadores
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ERE. Son las tres letras más temidas en cualquier empresa. Y, desgraciadamente, las que están más de moda. En todos los ámbitos, incluido un club de fútbol. La sombra del Expediente de Regulación de Empleo es la peor pesadilla para cualquier trabajador. Y un futbolista, al fin y al cabo, no deja de ser un empleado más, aunque miles, millones de personas disfruten y juzguen cada fin de semana su trabajo. Hace poco más de un año, Antonio Hidalgo (Canovelles, Barcelona, 08-02-1979) sufrió en sus carnes un ERE en Tenerife. Pasó seis meses en el paro, pero no se rindió: dribló a la retirada y ahora triunfa más cerca de su casa que nunca. Lo que parecía ser la puntilla a su carrera acabó siendo un billete de vuelta hacia sus orígenes. Ya luce, incluso, el brazalete de capitán de un Sabadell empeñado en convertirse en uno de los equipos potentes de la categoría. La lucha, a veces, tiene recompensa.

Aquella mañana, ya algo lejana, cuando entró en la oficina de empleo, todas las miradas se clavaron en él. Los más disimulados le observaban de reojo. Otros, sin reparos, se clavaban codazos y señalaban con la cabeza. Ahí estaba él, con más de 350 partidos entre Primera y Segunda, solicitando la prestación por desempleo, como el resto de desafortunados que habían concertado cita en esas oficinas que nadie quisiera tener que pisar nunca. La única persona que no parecía conocerle fue, curiosamente, la funcionaria que le atendió. “Cuando me preguntó a qué me dedicaba y le respondí que futbolista, se quedó un poco parada. Luego, muy seria, me dijo una frase que me impactó: ‘Me parece que van a tardar un poco en llamarte’”, explica.

Aquella anécdota era un paso más de un largo calvario que se había iniciado un par de meses antes, con el inesperado descenso del Tenerife a Segunda B. El club comenzó un proceso de renovación de la plantilla y Antonio, pese a ser un tipo con ascendencia dentro y fuera del vestuario, quedó señalado. “El director deportivo, Pedro Cordero, se portó fatal. Al principio me dijo que contaban conmigo, pero como tenía unas molestias en la planta del pie, empezaron a fichar jugadores en mi posición. Y, llegado casi el último día de mercado, me ofrecieron rescindir. Pero ya se había convertido en algo personal, un tema de dignidad”, expone, así que decidió quedarse en la isla hasta las últimas consecuencias.  Y éstas fueron, ni más ni menos, que un Expediente de Regulación de Empleo. “Todos los compañeros que estaban amenazados se fueron yendo antes, pero yo me quedé, sabiendo a lo que me exponía. Habían estado jugando conmigo”, afirma. El 8 de septiembre, la jueza decidió que el despido era procedente. A la calle. “Lo que me dio más rabia era que lo autorizó cuando sabía que el club, que alegaba que tenía que ahorrar, estaba fichando a jugadores con un sueldo más alto que el mío”, apunta. Con 32 años y un prestigio tocado, se abría un horizonte incierto. Algunos conocidos le recomendaban bajar un peldaño y jugar en Segunda B. Los más dramáticos, incluso, le sugerían la retirada. Sin embargo, Hidalgo no eligió ni una cosa ni la otra. Optó por resistir y aguardar una última oportunidad. “Empecé a entrenarme en solitario. Salía a correr e iba al gimnasio. Los primeros fines de semana no quería saber nada de fútbol, ni siquiera por la tele. Pero al final, la cabra siempre tira al monte”, reconoce. Empezó a reconciliarse poco a poco con el deporte de su vida. Le llegaron algunas ofertas, pero ninguna lo suficientemente atractiva como para hacerle abandonar su idea inicial: que él era un jugador, como mínimo, de Segunda. “Recibí una propuesta para irme a Georgia, con Álex García, y algunas más de Segunda B, pero ya todo se había reducido ya a una cuestión de cabezonería. Quería demostrar que era válido”, confiesa.

Tras esas primeras semanas en solitario, consiguió empezar a entrenar con La Laguna, de Tercera, para no perder la sensación de estar en un vestuario y hacer así las semanas más llevaderas. “Les estoy muy, pero que muy agradecido”, asegura. http://youtu.be/J50ebkaaUKU La presentación de Hildago con el Sabadell. Casi sin darse cuenta, pasaron seis meses y llegó el mes de enero. Pese a que, estando en el paro, se hubiera podido incorporar a cualquier equipo antes, lo cierto es que casi ningún club se había planteado una incorporación antes de abrirse el mercado. Y cuando lo hizo, a Antonio le llegó la oferta soñada: a 20 minutos en coche de su pueblo natal. El Sabadell le ofreció volver a ser futbolista, e Hidalgo respondió con creces: jugó desde su primera semana en la Nova Creu Alta y acabó aportando  19 partidos y dos goles. Renovó y esta campaña, pese a que la competencia en el centro del campo arlequinado se ha multiplicado, ha sido titular en cinco de los siete partidos de Liga disputados hasta ahora. Y también lo fue en la Copa, donde contribuyó con un gol a la eliminación del Hércules.

Es la vida extra, el champiñón verde que Hidalgo saborea tras una carrera en la que siempre apostó fuerte, por encima de cualquier otra consideración que no fuera creer en él mismo. Y que empezó a labrarse en Granollers, cuando no era más que un crío que soñaba, como tantos otros, en convertirse en un profesional. Antonio fue una pieza clave en un equipo que todavía se recuerda en la calle Girona. Un grupo, liderado por Gerard López, que alcanzó el subcampeonato de Catalunya de la categoría. Tras la final, los técnicos del Barça decidieron ‘pescar’ en sus rivales: se acabarían llevando hasta cuatro jugadores. “La cosa no fue tan fácil, porque Tony Bruins [mano derecha de Cruyff y uno de los máximos responsables del futbol base] sólo quería a Gerard. Y, además, el Granollers presionaba para que fuéramos al Espanyol, con el que tenía convenio. Yo era muy pequeño, pero recuerdo vivir aquellos días con muchísima agonía”, relata. Finalmente, los blaugrana se acabaron llevando el pack completo.

Antonio formó parte de una de las generaciones más brillantes del fútbol base del Barça. Allí, aparte del mencionado Gerard, coincidió con gente como Xavi, Puyol, Mario, Jofre, Gabri… y fue, de todos elllos, el primero en buscarse la vida fuera, al intuir que nunca le iba a llegar la oportunidad que esperaba. “Te das cuenta de que el tren del primer equipo pasa y de que los que tienen que tomar decisiones tienen otras predilecciones. No me arrepiento para nada de haber pedido salir”, asegura. Así fue como, con 21 años, aceptó la oferta para enrolarse en el Tenerife, donde  estaría cinco años y en la que viviría toda clase de experiencias. Un ascenso a Primera, de la mano de Rafa Benítez (“un entrenador al que le gustaba tenerlo todo controlado. Sabíamos que llegaría lejos, pero no tanto”), un descenso, con Clemente (“sus charlas duraban una hora y media”) y en la que, año tras año, fue creciendo hasta convertirse en uno de los jugadores más importantes del vestuario. “Tenerife es una isla difícil, donde hay mucha presión y mucha gente vive pendiente del fútbol. Se crean situaciones difíciles de gestionar”, concluye.

La madurez alcanzada en Tenerife le abrió las puertas de Primera. El Málaga se fijó en él para reforzar su centro del campo. Y fue de en el conjunto boquerón donde explotó una de sus cualidades más destacadas, la llegada. Su debut, ante el Athletic, se saldó con un gol que significó la última victoria de los malacitanos en San Mamés. Acabó aportando un total de 28 goles en 109 partidos de Liga repartidos en tres temporadas. Y, al igual que en Tenerife, también experimentó emociones fuertes, aunque en orden inverso. Bajó a Segunda y, dos años más tarde, subió de nuevo, con un doblete suyo en la última jornada, precisamente ante el conjunto chicharrero. Sin embargo, de todo lo que le pasó en Andalucía, dos de los recuerdos más impactantes son de cuestiones extradeportivas: la conversión de Fernando Sanz de jugador a presidente y la aplicación de un ERE que afectó a varios compañeros. Una especie de aviso de lo que un día le podría pasar a él.

El ascenso ante el Tenerife, con dos goles de Hidalgo.

“Lo de Fernando fue una cosa muy rara, algo que crees que no puede estar pasando. Un día, en Huelva, mientras estábamos de pretemporada, lo vimos muy serio, pero no nos quiso aclarar qué estaba pasando. ¡Y a las pocas horas, nos dice que deja el fútbol y que será nuestro presidente! Nada más tomar posesión del cargo, nos explicó que la situación era muy delicada y que el club entraría en ley concursal”, recuerda. La situación acabó desembocando en el citado ERE, tan sólo unos meses después, y se acabaría cobrando piezas como Manu Sánchez, el Chengue Morales o el Gato Romero.

Tras el ascenso con el Málaga, se enroló en el Zaragoza, que intentaba armar un equipo para volver de nuevo a Primera. “Era una oferta irrechazable, pero simplemente no funcionó. Marcelino me firmó pensando que yo era otro tipo de jugador, un pivote, pero yo ya había evolucionado en mediapunta. Fue un desencanto mutuo”, analiza. La cosa acabó con Hidalgo cedido a Osasuna, donde tampoco fue titular. El 31 de mayo de 2009 jugó, con los rojillos, su último partido en la máxima categoría. Y se despidió a lo grande, con un 2-1 ante el Real Madrid. El sueño de cualquier culé.

Después, llegaría el paso por el Albacete, donde recuperó el olfato de gol (nueve tantos en 33 partidos) y ayudó al equipo a salvar la categoría, de nuevo en la última jornada. “Ese tipo de finales son para disfrutar o para sufrir, pero pase lo que pase hay que saber estar. Hay que conservar la cabeza fría”, afirma. Y, en verano de 2010, el movimiento que parecía que debía cerrar un círculo, el regreso a un Tenerife que acababa de descender a Segunda y que, pese a construir un equipo pensando en un ascenso rápido, se precipitó al vacío de la Segunda B. “Nunca he estado en una plantilla con tanta calidad y tan poco rendimiento”, zanja. Pasaron cuatro entrenadores en nueve meses (Arconada, Mandiá, Amaral y Tapia), pero ninguno de ellos pudo evitar lo que parecía increíble, el hundimiento de un histórico. “Fue mi peor año como profesional”, concluye.

Las consecuencias del descenso nos llevan directamente al inicio del relato. El principio de una situación entre surrealista y de pesadilla. Y que acabó con un Antonio resurgiendo de sus cenizas. “Esos seis meses son el periodo del que estoy más orgulloso de toda mi carrera. Y es un trance que me hizo ver lo que es el fútbol. Cuando no te necesitan, se  deshacen de ti y punto”, reflexiona, y añade: “todo el mundo hace su trabajo para poder cobrar a final de mes. Mucha gente cree que ser futbolista es sinónimo de casas grandes y cochazos. Pero no siempre es así. En Segunda somos unos trabajadores más”.

Han pasado ya unos cuantos meses desde que todo acabó, y para bien. Ahora, Antonio disfruta como nunca de la bola extra que el fútbol le ha dado. Y todo, alrededor de su familia, que por fin le tiene cerca de casa tras tantos años de nómada. Su hijo mayor, Héctor, ya ha empezado a seguir sus pasos en el Canovelles. Es el mismo por el que, cada vez que marca, Antonio se acerca los dedos a la cara y dibuja unas gafas. Un guiño a los que le ayudaron en los momentos más duros, los días en los que le tocó comprobar, como a tantos otros españoles, el extraño  ambiente, entre la vergüenza, la resignación y el pesimismo, que se respira en las oficinas de empleo de un país a la deriva. Este artículo es una ampliación del original publicado en la revista ‘Panenka’ de julio de 2012

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comentarios
  1. Trivi VLR dice:

    Como siempre, buenísimo artículo, sacando la parte más humana de los jugadores profesionales.

    Desde Sabadell, Antonio representa la profesionalidad hecha persona. Lo da todo por el equipo, tiene calidad y, sinceramente, no sé qué hacía esos 6 meses sin equipo en Segunda, porque capacitado estaba y de sobras, como bien está demostrando en el equipo lanero. Sólo decir que ni con una temporada en el equipo ya es capitán, por algo será.

    Gracias Álex Pareja y larga vida a Antonio Hidalgo.

    !Salud!

  2. Pedro Santafosta dice:

    Alex muy buen artículo también el de esta semana.
    Un placer repasar el historial futbolístico y humano de uno de los futbolistas de casa que he ido siguiendo durante la última década.
    Por cierto, dice Antonio Hidalgo en este artículo algo así: “Nunca he estado en una plantilla con tanta calidad y tan poco rendimiento”, refiriéndose a una etapa de su paso por el Tenerife. Esto me recuerda en mucho a lo vivido por el Nàstic en las últimas temporadas, en las que no se encontraba explicación.
    De nuevo, enhorabuena por el blog.
    Un saludo.

  3. roquetobarra dice:

    Muy buen jugador !!!!

  4. […] habían estado jugando conmigo”. Antonio Hidalgo ha sido objeto de un amplio reportaje en Historias de Segunda, donde repasa buena parte de su carrera, y en el que no se pasa por alto cómo fue su adiós del […]

  5. Como disfrutabamos con los duelos antes el granollers que mencionas de Gerard Lopez y Antonio Hidalgo,nosotros en nuestro campo de tierra acostumbrabamos a darles caña,que buenos que eran los dos aunque Antonio Jugaba de Delantero centro por delante de Gerard,yo emparejado al Hidalgo y nuestro krak particular Jordi Sanguesa secando Gerard,Que Grande!!!!!!Gran historia Pareja!!!!

    • Àlex Pareja dice:

      Gracias! Buff, tenían un equipazo. En el Granollers había un delantero pequeñito -creo que se llamaba Óscar- que me amargaba la vida. Con el Barça… menudos duelos, también! Imposible olvidar aquel partido en la Nova Creu Alta. Y también es imposible olvidar al gran Jordi Sangüesa. Lástima de compañero. Un abrazo, Abraham!

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