Javier Patiño, la constancia filipina

Publicado: 11/02/2012 en Jugadores
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Después de más de 40 entradas, uno aprende a identificar el tipo de historia que tiene entre manos nada más acabar la entrevista. Un caso de superación personal, una carrera destacada, un giro del destino que lo cambió todo, un personaje exótico… son, básicamente, algunas de las líneas argumentales de este blog, desarrolladas a través de las experiencias personales de los jugadores de Segunda con los que he ido teniendo el placer de charlar a lo largo del año y pico de vida de esta web. Pensaba que ya, más o menos, había conocido todo tipo de historias. Hasta que topé con Javier Patiño (San Sebastián de los Reyes, Madrid, 14-02-1988). El delantero resultó ser nada más y nada menos que un compendio de todos y cada uno de los elementos con los que ‘Historias de Segunda’ está construida.

Porque el de Patiño es un relato de un chaval que apuntaba alto y supo sobreponerse al desengaño de quedarse a las puertas de un gran club en edad juvenil. De un chico que compaginó el trabajo en una fábrica con los campos de tierra hasta que le llegó su oportunidad. De un niño que, antes que querer ser Ronaldo, soñó con ser Bruce Lee. Y de un hombre que quiere aprovechar sus raíces filipinas para poder abrirse camino en el fútbol internacional. La suya es, sin duda, la historia más completa, con más matices, de las que han pasado por las páginas de este blog. Y sólo tiene 24 años.

Remontémonos un poco en el tiempo. En el juvenil del Alcobendas hay un chico especial. Un delantero que la está rompiendo. El punta que lidera al equipo que, en Liga Nacional -la segunda en importancia, después de División de Honor- es capaz de superar a los ‘B’ del Real Madrid, Atlético y Rayo para quedar campeones y conseguir el ascenso. Todo el mundo parece tener claro que su destino apunta a un club grande. “En la primera vuelta ya había metido 20 goles. También jugaba con el primer equipo, en Preferente. Empezaron a llegar rumores de todo tipo. Que si el Madrid, que si Osasuna, que si el Atlético, el Celta… incluso el Marca llegó a publicar que me seguía el Arsenal”, comenta. Todo el ruido generado a su alrededor descentra un poco al chaval, que, sin embargo, acaba la temporada a lo grande y con una consigna por parte de su entorno: que esté tranquilo. Miau. “Me la jugaron un poquillo. Mi entrenador era el representante y me dijo que no me preocupara. Pero todavía estoy esperando la llamada”, lamenta. Así, el tren pasó de largo. La campaña acabó sin que el teléfono sonara. “Luego me enteré de que, como tenía un año más firmado con ellos, habían pedido demasiadas cosas por mí”, zanja.

Acabada la etapa juvenil, y casi sin solución de continuidad, Patiño pasó de soñar con triunfar en el Emirates a tener que romperse la cara en los duros campos de la Preferente de Madrid. Motivarse tras el palo anímico fue la más complicado. “Pegué un bajón considerable, pero pese a todo, seguí metiendo goles en el Alcobendas. El Sanse [San Sebastián de los Reyes, el equipo de su localidad] me quería, pero tuve la mala suerte de que cuando me comprometí con ellos perdieron la categoría. Bajaron de Segunda B a Tercera”, recuerda. Para acabar de redondear el panorama, además, un nuevo invitado se sumó a la fiesta: el sobrepeso. “Me cambió el metabolismo. Engordaba casi con un vaso de agua y sufrí un montón de lesiones musculares. Pensaba que ya nunca más podría recuperar el nivel de juveniles”, reconoce. Con el fútbol cada vez como un objetivo más lejano, tocaba ponerse a pensar con los pies en el suelo. Y buscarse un futuro mejor por otra vía. “Me saqué un módulo de tecnico de sonido y empecé a trabajar en una empresa en Tres Cantos. Hacíamos mesas de mezclas. Me levantaba a las seis de la mañana, entraba a las ocho y cuando salía, a las cinco de la tarde, me iba a entrenar. Estaba molido”, asegura. La situación no podía ser menos propicia para que la carrera de Patiño remontara el vuelo… pero, a veces, el cambio más insignificante, a simple vista, puede acabar siendo el más importante.

Patiño, en acción con el Sanse en los playoff.

“Empecé a visitar una nutricionista. Me cambió los hábitos de alimentación, me enseñó a comer bien y eso repercutió en mi juego. Adelgacé y volví a sentirme bien, a dejar atrás las lesiones… y a marcar goles con más regularidad”, comenta. Aquello, como dicen los ingleses, lo volvió a colocar on the right track. Y el Sanse, a lomos de los goles de Patiño, galopó hacia el ascenso. Las cifras fueron espectaculares: 22 tantos en Liga, coronados con seis más en el playoff, devolvieron al delantero al escaparate. Y, esta vez, la oportunidad no se escapó. Patiño despertó el interés de un puñado de equipos de la Liga Adelante. Y, ante los rumores, decidió tener la mayor disponibilidad posible. Antes incluso de firmar por ningún club, dio un último paso arriesgado. Se presentó en la fábrica y presentó su renuncia. “Dejé el curro sin saber dónde iba a estar la siguiente temporada. Me tiré a la piscina, así de claro. Pero quería dedicarme exclusivamente al fútbol y sentí que tenía que hacerlo”, confiesa. Como si de un conjuro -efectivo, sin duda- se tratara, a los dos días de saltar al vacío, llegó la oferta del Córdoba. La oportunidad de presentarse en el fútbol profesional. Pero pasar de Tercera a Segunda casi sin descanso no fue, precisamente, un proceso fácil.

“El cambio fue brutal. Lo pasé fatal, porque el ritmo es totalmente diferente. ¡Y eso que venía de competir un par de semanas atrás! No tiene ni punto de comparación. Pero decidí darlo todo para que el míster se fijara en mí. Llegué con 78 kilos y enseguida bajé a los 73. Todo gracias a las ganas y la ilusión”, asegura. El único momento de duda llegó cuando un periodista local, durante esos días de verano, le preguntó si vería con buenos ojos una cesión. “Fue un bajón inesperado. Además, el club acababa de fichar un nuevo delantero, así que por un momento me vi fuera”, reconoce. Sin embargo, lejos de rendirse, apretó los dientes. Y se convitió en la sensación de la pretemporada, el máximo goleador del equipo. El primer paso ya estaba dado. Pero enseguida llegaron más, como el debut (en la primera jornada, ante el Almería, en sustitución de Pepe Díaz) y el primer gol, en el Alcoraz de Huesca.

“Fue una temporada increíble. Todo fue impactante, muy precipitado. Acumulé un montón de emociones en mucho tiempo”, resume. Y no le falta razón. Las buenas sensaciones de la pretemporada se confirmaron en un año de debut inolvidable. 35 partidos -24 de ellos como titular- y ocho goles le confirmaron como un jugador importante en un equipo que, para postre, se clasificó para los playoff. En un año, Patiño pasó de jugar en Tercera a pelear por subir a la máxima categoría. Y, aunque el equipo no lo consiguiera, su gran rendimiento -y una pizca de azar- le abrieron las puertas de la internacionalidad. Aunque sea a miles de kilómetros de Madrid.

Primer gol de Patiño esta temporada, en campo del Lugo.

“Un día, en el vestuario del Córdoba, salió el tema de que mi madre es Filipina. Entonces, un compañero se acordó de la historia de Ángel Guirado, Él también había jugado en el Córdoba, hacía ya un tiempo y también tenía raíces filipinas. Se marchó a jugar allí y ahora es una estrella. ¡Joder, tenía que buscar más información! Así que contacté con él gracias a Facebook y le pregunté qué tenía que hacer para intentarlo yo”, explica. En unos meses, el mecanismo para tramitar la doble nacionalidad se puso en marcha. Si todo va bien, en poco tiempo, Patiño estará defendiendo la camiseta de Filipinas, para orgullo de su madre. “Ella está muy contenta. Me llevó a su pueblo unas cuantas veces cuando era pequeño. La última, cuando tenía unos 12 años. Es una cultura muy diferente, recuerdo haber visto mucha pobreza. Pero es una gran oportunidad. Y estoy muy orgulloso”, remarca.

Ese apego a sus raíces no es nuevo. Uno de los ídolos de Patiño es el boxeador Manny Paquiao, el legendario boxeador  filipino campeón del mundo en ocho categorías. “Sigo cada una de sus peleas. La próxima es el 8 de diciembre en Las Vegas. Evidentemente, no me la pienso perder”, asegura. Algo natural, teniendo en cuenta la atracción del delantero por los deportes de contacto. “Me encantan las películas de Van Damme, Steven Seagal y compañía. Y de pequeño practiqué una mezcla de kárate y jiu-jitsu. Pero como llegué muy pronto al cinturón negro, y no podía seguir progresando hasta cumplir los 18, lo dejé de lado para centrarme en el fútbol”, explica. Una buena decisión, sin duda, que ahora agradecen en Córdoba. Esta temporada ya ha subido de jerarquía en el equipo, tras la marcha de piezas importantes de la plantilla, como Charles o Borja García, y debe ser la de su confirmación, la de conseguir metas mayores. La internacionalidad es únicamente una de ellas. Pero hay muchas más para conseguir que esta historia, llena de matices, siga engordando. Si la retomamos de aquí a un tiempo, seguro que habrá muchas más cosas que contar.

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comentarios
  1. Celes dice:

    Una pregunta, ¿solo haces entrevistas a jugadores de segunda?

  2. Celes dice:

    Pues me gustaria una entrevista a Aloisio. La pasada campaña acabo jugando en el Alcoyano, pero la mayor parte de su carrera ha estado en segunda B, y ahora esta jugando en la primera division de Rumania.
    Un saludo y gracias 🙂

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