Iban Zubiaurre, el tránsfuga maldito

Publicado: 01/18/2013 en Jugadores
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La vida está llena de decisiones. Cada día tomamos  cientos, quizá miles de ellas. La mayoria son intrascendentes, como elegir café o cortado; ponerte una camisa o un jersey; bocata de salchichón o de queso… nada que pueda alterar seriamente nuestro curso vital. Sin embargo, una vez cada cierto tiempo se nos plantean opciones que son realmente una encrucijada, una elección seria. De lo que hagamos dependerá buena parte de nuestro futuro. Para bien o para mal. Y lo peor del caso es que esas grandes decisiones no tienen vuelta atrás. Todo, definitivamente, sería mucho más fácil con la función ‘Control+Z’, pero la vida no es un programa informático, ni siquiera uno de aquellos libritos de ‘Elige tu propia aventura’ con los que crecimos muchos chavales en los ochenta. Una vez se toma un camino, no queda más remedio que seguirlo, aunque intuyas desde los primeros pasos que te acabas de adentrar en una senda peligrosa.

Seguro que Iban Zubiaurre (Mendaro, 22-01-1983), hubiera agradecido la existencia de ese famoso comando. Debe de  haber revisado mentalmente más de mil veces aquel momento ya lejano, en el verano de 2005, en el que, siguiendo los consejos de su representante, dio por finalizada su relación contractual con la Real Sociedad y se presentó en la sede del eterno rival, el Athletic Club, como nuevo jugador rojiblanco. Él no lo sabía, pero acababa de empezar un trayecto infernal que le llevaría al ostracismo, los juzgados, las lesiones, enfermedades extrañas… y la caída en desgracia. Su carrera, lejos de iniciar el despegue definitivo, había entrado en una cuesta abajo que parecía imparable. Hasta que esta temporada, siete años más tarde, ha reencontrado la paz en el anonimato de la Segunda B, en las filas del Salamanca, tras un par de cesiones infructuosas en la categoría de plata. Esta es su historia.

A principios de siglo, en las oficinas de la Real Sociedad se frotaban las manos. Estaban cultivando una auténtica perla, un lateral derecho que estaba destinado a subir la banda de Anoeta más pronto que tarde. Zubiaurre, conocido como el ‘Cafú de Mendaro’, era internacional en todas las categorías inferiores (su suplente era un tal Arbeloa) y apuntaba a un futuro brillante. En noviembre de 2004, con 21 años, debutó en primer equipo, en un partido ante el Deportivo en Riazor, y su aparición fue un soplo de aire fresco. Tanto, que al acabar la temporada ya había coleccionado 13 presencias más en Primera. Sin embargo, el chaval todavía tenía contrato de aficionado, y el compromiso expiraba ese mismo verano, aunque en el documento había una cláusula por la cual de renovación por la cual la Real se reservaba el derecho de retenerlo una campaña más. Y aquí se halla el germen de todo el gigantesco problema que estaba a punto de acontecer.

Cuando el mes de junio estaba llegando a su fin, el representante de Zubiarre le aseguró que sería libre y que, además, disponía de una jugosa oferta del Athletic para incorporarlo a su primer equipo. La jugada, en principio, era un plan perfecto para ambos. Nada más lejos de la realidad. “No me arrepiento de nada, porque yo todo lo hice de buena fe, pensando que era libre. Evidentemente, si hubiera sabido que las cosas iban a salir así, no lo hubiera hecho. Pero insisto, yo pensaba que no había nada incorrecto”, analiza, desde Salamanca, con un cierto tono de resignación en la voz cuando se le recuerda (por enésima vez) la situación, que acabó desembocando en una guerra judicial y una ruptura de relaciones entre los dos clubs más importantes de Euskadi.

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En este acto empezó su pesadilla. Ibaigane, julio de 2005.

El famoso ‘Caso Zubiaurre’ empezó oficialmente el 1 de julio, cuando se presentó en Ibaigane, la sede institucional del Athletic, al lado del entonce presidente rojiblanco, Fernando LamikizEn la rueda de prensa se insitió en su condición de agente libre, evitando cualquier conflicto directo con la Real. Pero a los pocos días, llegó la demanda. Y era estratosférica. El club donostiarra exigía al jugador el pago de su clausula de rescisión… que ascendía a 30 millones de euros. Hay muchos casos que pasan desapercibidos, pero siempre que hay un pase de un jugador de la Real al Athletic se genera mucha polémica. Y está claro que eso me perjudicó, resume. Y vaya que si lo hizo. Acababa de adentrarse en una espiral de demandas cruzadas, declaraciones y amenazas vía prensa que hubieran afectado a cualquiera. Y más si eres un chico de 22 años.

Pasó el verano en un suspiro, y la situación no había hecho más que empeorar. Zubiaurre no podía jugar hasta que no se resolviera el litigio, y la cosa iba para largo. Intentando mantener la forma, y para seguir en contacto con el balón, empezó a entrenarse con la Cultural de Durango, de Segunda B, pero ni tan sólo se le permitió disputar con ellos partidos amistosos, bajo amenaza de una nueva demanda. La abstinencia, el barbecho, debía ser completo. Y la resolución no fue precisamente rápida. El proceso, finalmente, duró un año y medio: los jueces le condenaron a pagar cinco millones de euros de los 30 que en principio le reclamaba la Real. Y acabaría teniendo consecuencias devastadoras, no sólo para su bolsillo. “Es evidente que todo aquello me cortó la progresión. Intentar recuperar mi nivel fue complicadísimo, aunque desde el Athletic siempre se me tratara bien y se me brindara todo el apoyo”, reconoce.

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Sensación de Déjà vu. Un año y medio después.

El 16 de noviembre de 2006, tras pagar lo estipulado, Zubiaurre volvió a presentarse de nuevo como jugador del Athletic. Esta vez de manera definitiva, y con un contrato de ocho años, mediante el cual club y jugador se repartían el esfuerzo económico que había decretado la justicia. Pero ya era demasiado tarde. Todo el desgaste había pasado factura y el defensa no debutó hasta el mes de febrero de 2007, en el Calderón. Sería una aparición anecdótica, la única en Liga. Casi sin solución de continuidad, Zubiaurre había pasado de esperado a descartado. Y con un contrato larguísimo por delante.

La siguiente campaña, la 2007-08, las cosas tampoco fueron mejor. Una única presencia en Liga (derrota por 2-0 en el campo del Getafe) le dejó claro que no tenía sitio en San Mamés. Lo mejor para recuperar la confianza, perdida entre pasillos de juzgados y salas de espera de abogados, era una cesión. Y el Elche -y la Segunda División- estaban dispuestos a ser el trampolín en su rehabilitación. “Era lo que buscaba, volver a ser futbolista. Y las cosas salieron más o menos bien. Con David Vidal me costó entrar en el equipo, pero tras la llegada de Claudio [Barragán, su sustituto] lo jugué casi todo”, recuerda. Encadenó 20 partidos completos consecutivos hasta que una lesión de pubis le apartó por unos meses de  la competición. Su último partido con la camiseta del Elche, curiosamente, fue ante la Real Sociedad, en el Martínez Valero, en la jornada que ponía cierre a la temporada.

Golazo de Zubiarre en Balaídos. El primero que conseguía desde su etapa en el ‘Sanse’.

Pese a la experiencia satisfactoria en Segunda, el retorno a Lezama no se antojaba fácil. Y no lo fue en absoluto. Como una especie de maldición, las lesiones le persiguieron casi desde el primer momento en el que volvió a poner los pies en Bilbao. Una torcedura de tobillo en la pretemporada le privó de competir con Iraola por un puesto en el once. Y en septiembre, tras disputar 14 minutos del duelo de Europa League ante el Austria de Viena, se rompió. De nuevo, pubalgia. Tras unos meses de tratamiento conservador, tuvo que pasar por el quirófano. La temporada, una más, se había ido al garete. Ya tenía 27 años. Y le quedaban todavía cuatro campañas más de contrato.

Era necesaria, pues, una nueva cesión. La Segunda se antojaba el escenario ideal para intentar volver a coger impulso. Se tanteó el regreso al Martínez Valero, pero finalmente Zubiaurre recaló en el Albacete. Y la experiencia no fue del todo buena. Tras la primera vuelta, el club manchego despidió a Antonio Calderón y la llegada de David Vidal le supuso, como le pasara en Elche, el ostracismo. El 27 de marzo de 2011 jugó su último encuentro como jugador del ‘Alba’, que se saldó con una derrota en Girona. Poco después, mientras el equipo caminaba hacia el descenso a Segunda B, al defensa le tocaría enfrentarse a otro enemigo: una extraña enfermedad que a punto estuvo de retirarlo. Una nueva desgracia en la lista.

“Al principio fue una infección en el intestino, pero enseguida fue a peor. Y tuve un brote tan fuerte de colitis que desarrollé úlceras por todo la espalda, el culo, las piernas… los médicos aseguran que es causa del estrés que me producía el pensar en mi situación y en futuro”, explica. Perdió mucho peso. Su cuerpo se consumió en el hospital. Luego, con la temporada ya acabada,  empezó a tomar corticoides por prescripción médica. Y claro, como consecuencia, se hinchó. Le prohibieron hacer deporte. “Pasé de un extremo al otro, fue un palo muy gordo para el cuerpo. Parecía que alguien me estaba haciendo vudú”, ironiza.

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Trotando en Lezama. La historia interminable.

Le costó unos cuantos meses, pero en noviembre de 2011, recibió el alta y volvió a trotar por los campos de entrenamiento de Lezama. Lo más difícil fue motivarse sin ningún objetivo a corto plazo a la vista. Bielsa no le tenía en sus planes y todavía se encontraba demasiado débil para buscar un equipo en el mercado invernal. La trayectoria acumulada en los últimos años, además, tampoco ayudaba demasiado. Lo fácil -y quizás lo que le pedía a gritos su subconsciente- hubiera sido arrojar la toalla.  “Fueron unos meses muy duros. Sabía que el míster no contaba conmigo y que era imposible salir en Navidad, así que me tuve que centrar en ponerme a punto para el verano, en pensar en encontrar un equipo la siguiente temporada. Pude llevarlo gracias al apoyo de mis compañeros, pero no fue nada agradable”, admite.

Y lo logró, aunque fuera en  Segunda B, categoría a la que ha vuelto (de nuevo, cedido) a los 29 años, tras casi una década de sinsabores. “No ha sido un paso sencillo. Mucha gente pensará: ‘Mira este acabao’, pero a mi edad, y después de todo lo que he pasado, necesitaba jugar sí o sí”, reconoce. A Zubiaurre todavía le queda un año y medio de contrato con el Athletic. Sabe que es casi imposible volver a vestir de rojiblanco, que ese tren ya se escapó para siempre, pero lo único que quiere ahora es disfrutar del verde con la camiseta del Salamanca, amparado en el relativo anonimato de la categoría de bronce. Lejos por fin de los focos y la presión, ya ha jugado 18 partidos esta campaña y ha conseguido tres goles.

En el 6’05”, uno de los goles de Zubiaurre esta temporada.

Nadie sabe qué hubiera sido de su carrera si esa presentación en Ibaigane, en un ya lejano día de verano, no se hubiera producido. Pero, como todos sabemos, en la vida no existe el ‘Control+Z’. Pensándolo bien, lo bueno que tiene el fútbol es que, cada verano -e incluso cada semana- te ofrece una oportunidad maravillosa de pulsar, con tres dedos, otra buena combinación: el ‘Control+Alt+Supr’. Reiniciar. Todo es cuestión de aprovecharla. Nunca es tarde, y menos para plantar cara a una maldición que, en el caso de Iban Zubiaurre, parecía insuperable.

 

Este artículo fue publicado, en versión reducida, en el número de septiembre de 2012 de la revista ‘Panenka’.

En este enlace encontrarás una extensa cronología del ‘Caso Zubiaurre’ elaborada por http://www.dd-el.com.

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comentarios
  1. Txabi Ferrero Alonso dice:

    Muy bueno como siempre Alex. Eres un auténtico crack.

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