Posts etiquetados ‘Deportivo de La Coruña’

Todos los amantes del fútbol hemos tenido, en algún momento de nuestras vidas, más pronto que tarde, el mismo momento. Ese en el que, viendo un partido cualquiera, en casa o en el estadio, te quedas prendado de un futbolista. Te hipnotiza. Te enamora. Descubres al que será tu ídolo. Decides que quieres ser como él. O que, al menos, te gustaría ser como él. A Daniel Mallo Castro (Cambre, A Coruña, 25-01-1979), esa experiencia le cambió la vida para siempre. Porque el flechazo deportivo le convirtió en portero, esa rara avis que se dedica a evitar el propósito básico del fútbol: el gol. “Me encantaba Arconada. No sé por qué, porque ni siquiera era de la Real Sociedad, pero era mi jugador favorito. Un día, cuando tenía siete años, mi abuela me regaló su mítico jersey verde. Y entonces le planté un ‘1’ con esparadrapo y me convertí en el niño más feliz del mundo”, evoca.

Así, con un regalo, comenzó la historia de un portero que ha necesitado grandes dosis de paciencia para superar todo tipo de adversidades. Y que, si no hubiera sido por la pasión que siente por su oficio, seguramente ya hubiera tirado la toalla hace tiempo. Ninguneado por el equipo de su vida, el Deportivo, exiliado en Portugal primero y en Escocia después, la madurez le ha llegado asentado plenamente en el Girona, donde por primera vez en cuatro temporadas parte como titular tras ser siempre la segunda opción. El brazalete de capitán que luce cada semana es un símbolo del respeto que compañeros y aficionados  profesan a este hombre que, como su ídolo, es un hombre tranquilo y discreto. Y que disfruta a los 33 años de todo lo que el fútbol le negó de joven, pese a que su trayectoria apuntaba a lo más alto.

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Eran sólo unos metros, pero el trayecto se le hizo eterno. No podía comprender cómo se le había escapado la Liga a su equipo. La máxima crueldad, aquel penalti en tiempo de descuento, se aparecía una y otra vez en su mente. Caminaba casi a ciegas por culpa de las lágrimas que le brotaban de los ojos, pese a los esfuerzos por evitarlo. Lo que tenía que haber sido una fiesta por todo lo alto era un funeral. Toda la ciudad trataba de digerir el disgusto y el chaval no iba a ser una excepción. Caminando desde casa de un amigo, con el que había visto el partido, hacia la suya, Álex Bergantiños (La Coruña, 07-06-1985), bufanda del Deportivo en mano, maldecía lo que acababa de presenciar. Aquella noche de mayo de 1994, la que quedó marcada para siempre como la del penalti de Djukic, el joven Álex entendió de la manera más cruel lo que puede llegar a doler ser hincha de un equipo de fútbol.

Casi 20 años más tarde, y después de haber vivido un buen puñado de buenos momentos desde la grada (la tan ansiada Liga, la del 2000, el Centenariazo de 2002), Álex Bergantiños seguía sufriendo por el Deportivo. Doblemente. Se había convertido en futbolista profesional e incluso pertenecía al club de su vida, pero no había podido disputar ni un solo minuto en competición oficial con la camiseta blanquiazul. Y, desde un autocar parado en medio de la nada, en un área de servicio remota, presenciaba como el Dépor, su Dépor, se precipitaba al vacío. Bajaba a Segunda. De nuevo, con el Valencia como rival. Sin embargo, aquel golpe tuvo su recompensa. Después de un rosario de cesiones, de años enteros esperando una oportunidad, aquella tragedia le abría por fin la puerta de Riazor. Y Álex no estaba dispuesto a desparovecharla. Como aficionado, recibió un mazazo. Como jugador, el espaldarazo definitivo para triunfar en casa.

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