Posts etiquetados ‘Miguel Ángel Lotina’

La escena, en el vestusto Olímpic Lluís Companys, olía a drama. Años antes de que la crisis golpeara con fuerza a millones de hogares, se estaba a punto de fraguar una situación que, desgraciadamente, a muchos les sonará e, incluso, les habrá tocado de cerca. La historia de alguien que se compra una casa nueva, hipotecándose hasta las cejas, y que contempla como está a punto de perder buena parte de sus ingresos. El vértigo. La perspectiva de una deuda impagable. La ruina. Sin embargo, allí estaba él, Ferran Corominas (Banyoles, Girona, 05-01-1983), un chico apenas imberbe, con cara de pillo, para cambiarlo todo en el último suspiro con dos toques mágicos. Para garantizar la supervivencia económica del club de su vida, el Espanyol. Para convertirse, por siempre jamás, en el hombre de los goles salvadores.

Nadie sabe a ciencia cierta qué hubiera sido del Espanyol sin aquel gol, pero lo que es innegable es que elevó a Coro a la categoría de mito con apenas 23 años. Más de un lustro después, los aficionados aún hablan de aquel gol como el que hizo posible la mudanza a Cornellà-El Prat. Y buena prueba de ello es que Corominas es el único jugador de Segunda que cuenta con una biografía. Coro es la vidaescrita por el periodista Marc Raymundo, fue una de las sorpresas agradables del pasado Sant Jordi, la fiesta del libro y la rosa en Catalunya. Es el retrato de un delantero que, a los 29 años, lucha de nuevo por una salvación; en este caso, la del Girona, el club en el que se refugió cuando, de pronto, pasó a ser un extraño en su propia casa. Mediático, pero trabajador, Coro no es un jugador cualquiera. Es un debutante ilustre en una categoría que, sin embargo, no entiende de pasado. “Cuando me llamó Marc para proponerme escribir el libro, hace casi un año y medio, no me lo creía. ‘¡Pero si me queda mucho fútbol, no me quieras retirar todavía, hombre!’, le dije. Pero mira, me convenció y al final ha salido un libro del que estoy muy orgulloso”, reconoce. En él, se relata una historia que siempre, casi desde la primera pelota que tocó  con la camiseta del primer equipo blanquiazul, estuvo ligada a los goles decisivos.

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Eran sólo unos metros, pero el trayecto se le hizo eterno. No podía comprender cómo se le había escapado la Liga a su equipo. La máxima crueldad, aquel penalti en tiempo de descuento, se aparecía una y otra vez en su mente. Caminaba casi a ciegas por culpa de las lágrimas que le brotaban de los ojos, pese a los esfuerzos por evitarlo. Lo que tenía que haber sido una fiesta por todo lo alto era un funeral. Toda la ciudad trataba de digerir el disgusto y el chaval no iba a ser una excepción. Caminando desde casa de un amigo, con el que había visto el partido, hacia la suya, Álex Bergantiños (La Coruña, 07-06-1985), bufanda del Deportivo en mano, maldecía lo que acababa de presenciar. Aquella noche de mayo de 1994, la que quedó marcada para siempre como la del penalti de Djukic, el joven Álex entendió de la manera más cruel lo que puede llegar a doler ser hincha de un equipo de fútbol.

Casi 20 años más tarde, y después de haber vivido un buen puñado de buenos momentos desde la grada (la tan ansiada Liga, la del 2000, el Centenariazo de 2002), Álex Bergantiños seguía sufriendo por el Deportivo. Doblemente. Se había convertido en futbolista profesional e incluso pertenecía al club de su vida, pero no había podido disputar ni un solo minuto en competición oficial con la camiseta blanquiazul. Y, desde un autocar parado en medio de la nada, en un área de servicio remota, presenciaba como el Dépor, su Dépor, se precipitaba al vacío. Bajaba a Segunda. De nuevo, con el Valencia como rival. Sin embargo, aquel golpe tuvo su recompensa. Después de un rosario de cesiones, de años enteros esperando una oportunidad, aquella tragedia le abría por fin la puerta de Riazor. Y Álex no estaba dispuesto a desparovecharla. Como aficionado, recibió un mazazo. Como jugador, el espaldarazo definitivo para triunfar en casa.

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